Un estado soberano es una asociación política con soberanía efectiva interna y externa sobre una zona geográfica, y cual no se depende en, ni es sujeto a, cualquier otro poder o estado. Mientras que en terminos abstractos un estado soberano puede existir sin ser reconocido por otros estados soberanos, estados no reconocidos encontrarán que es dificil ejercer poderes completos de hacer tratados y estar en relaciones diplomáticas con otros estados soberanos.
Un Estado soberano, según la legislación internacional, es una entidad jurídica representada por un gobierno centralizado que tiene soberanía sobre una determinada área geográfica. Las leyes internacionales definen a los Estados soberanos por cuatro condiciones fundamentales: poseer una población permanente, un territorio definido, un gobierno y la capacidad de establecer relaciones con otros Estados soberanos. Teóricamente también se considera que un Estado soberano no depende ni está sometido a cualquier otro Estado o poder político superior.
Origen de los Estados
Los Estados surgieron cuando las personas «transfirieron gradualmente su lealtad de un soberano individual (como un rey, un duque, o un príncipe) a una entidad política territorial intangible, el Estado». Los Estados no son más que uno de los varios sistemas políticos emergidos de la Europa feudal, como lo fueron las ciudades-Estado, las confederaciones o los imperios con invocaciones universalistas al concepto de autoridad.
Relación entre Estado y gobierno
A pesar de que los términos «Estado» y «gobierno» suele emplearse de forma indistinta, el derecho internacional distingue entre una entidad estatal y su gobierno: por ejemplo, a un «gobierno en el exilio» le es aplicable nítidamente esta distinción.Los Estados son entidades jurídicas inmateriales, y estrictamente no se corresponen con ningún tipo de organización. Sin embargo, normalmente solo el gobierno de un Estado puede adquirir compromisos en su nombre, como, por ejemplo, en el caso de los tratados internacionales.
En general, los Estados son entidades permanentes, aunque es posible su desaparición, ya sea de forma voluntaria o por la imposición de fuerzas exteriores, como en el caso de las conquistas militares. Dado que los Estados no son entidades jurídicas físicas, su extinción no se puede llevar a cabo mediante el uso exclusivo de la fuerza física. En la práctica, abolir un Estado requiere una serie de actos judiciales y sociales.
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