Enmarcado en la 21ª Conferencia de lucha contra el Cambio Climático, englobó a un total de 195 países. Entró en vigor gracias a que contó con el respaldo de más de 55 países que totalizaban más del 55% de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial.
Su objetivo es la reducción de las emisiones al tiempo que se busca adaptar a los ecosistemas y disminuir los impactos de la contaminación sobre el medio ambiente.
El objetivo central del Acuerdo de París es reforzar la respuesta mundial a la amenaza del cambio climático manteniendo el aumento de la temperatura mundial en este siglo muy por debajo de los 2 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar aún más el aumento de la temperatura a 1,5 grados centígrados. Además, el acuerdo tiene por objeto aumentar la capacidad de los países para hacer frente a los efectos del cambio climático y lograr que las corrientes de financiación sean coherentes con un nivel bajo de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y una trayectoria resistente al clima. Para alcanzar estos ambiciosos objetivos, es preciso establecer un marco tecnológico nuevo y mejorar el fomento de la capacidad, con el fin de apoyar las medidas que adopten los países en desarrollo y los países más vulnerables, en consonancia con sus propios objetivos nacionales, y movilizar y proporcionar los recursos financieros necesarios. El Acuerdo también prevé un marco mejorado de transparencia para la acción y el apoyo.
Transición económica y medioambiental
Sin duda, este acuerdo supone toda una revolución económica e industrial, pues se pretende alcanzar un desarrollo sostenible a través de una economía basada en bajas emisiones de carbono. Su aplicación supondría toda una revolución, dado que significaría abandonar los combustibles fósiles. De ahí que las economías que más dependen de este tipo de materias primas hayan intentado boicotear estos acuerdos.
El gran objetivo es lograr que la temperatura mundial no se incremente en más de 2 grados centígrados con respecto a la etapa preindustrial. Por ello, los países que ratificaron estos acuerdos deberán esforzarse hasta conseguir que este incremento de las temperaturas sea inferior a los 1,5 grados centígrados con respecto a la etapa preindustrial.
Cada país elaboró sus propios programas nacionales, alcanzando una serie de compromisos respecto a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Cabe destacar que el cumplimiento de estas obligaciones será supervisado cada cinco años.
Llama la atención un instrumento dentro de este acuerdo que se conoce como la compraventa de emisiones. Todo ello consiste en una autoridad internacional que emite una serie de bonos que otorgan el derecho a emitir una cierta cantidad de gases contaminantes. De este modo, aquellas empresas que quieran contaminar por encima de los niveles legalmente permitidos, se pondrán en contacto con las empresas más contaminantes para comprar sus derechos de emisión. El espíritu de este instrumento es que las empresas menos contaminantes también sean las empresas económicamente más eficientes.
Financiación e indemnizaciones
Ahora bien, ¿cómo se financia la lucha contra el cambio climático y los perjuicios por causados por el calentamiento global. La respuesta se encuentra en la creación de un fondo anual de 100.000 millones de dólares anuales. Este gran fondo será aportado por los países más ricos, aportando los recursos necesarios para que los países menos desarrollados dispongan de todo lo necesario en la batalla contra el calentamiento global.
Por otra parte, existirá un mecanismo de indemnizaciones por las pérdidas medioambientales no reparables, aunque tampoco se han concretado las cantidades.
La retirada de Estados Unidos
Sin embargo, con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca en 2016, Estados Unidos llevó a cabo un cambio drástico en su política medioambiental. El presidente Trump, que aboga por la expansión económica y por el uso de combustibles fósiles retiró a Estados Unidos del Acuerdo de París. Con la salida de Estados Unidos, se pierde a un país que es una pieza fundamental en la batalla contra el cambio climático. No obstante, pese a la salida de los estadounidenses, los demás países se han mantenido firmes en su decisión de continuar en el marco del Acuerdo de París. Los Estados Unidos se ha reincorporado oficialmente, con fecha 19 de febrero de 2021, al Acuerdo del Clima de París, uno de los compromisos del nuevo presidente estadounidense, Joe Biden, según infomó el secretario de Estado norteamericano, Anthony Blinken.
Críticas al Acuerdo de París
Las críticas al Acuerdo de París vienen por parte de quienes consideran que las medidas tomadas son insuficientes. Por ello, hay quienes consideran que los recortes de emisiones presentados son insuficientes. Y es que, hay quienes abogan por una verdadera transición energética, en la que las energías renovables terminen por reemplazar a los combustibles fósiles.
Otro de los puntos más polémicos de los acuerdos es la falta de protección hacia los países menos desarrollados, que son los que con mayor rigor sufren el cambio climático. En este sentido, el problema se encuentra en la falta de medidas para proteger a los países más pobres.
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