Esta es una de las preguntas más incómodas del derecho, pero también una de las más honestas. La respuesta, aunque difícil de aceptar, es sí: una sentencia puede ser legal y, al mismo tiempo, percibirse como injusta.
El derecho no siempre logra capturar todas las dimensiones de la justicia. Las leyes son generales y abstractas, mientras que los casos concretos están llenos de matices. En ese cruce, pueden surgir decisiones que cumplen con la legalidad, pero que no satisfacen el sentido común de justicia (Dworkin, 1977).
En el sistema dominicano, mientras una sentencia esté debidamente motivada y se base en el marco normativo vigente, se considera legal. Sin embargo, eso no impide que sea cuestionada desde una perspectiva ética o social.
Aquí es donde entran en juego los recursos judiciales. Apelaciones, casaciones y acciones constitucionales permiten revisar decisiones que, aunque legales, pueden haber sido mal interpretadas o aplicadas.
También es importante entender que la percepción de injusticia es subjetiva. Lo que para una parte es injusto, para otra puede ser completamente válido.
En conclusión, la legalidad y la justicia no siempre coinciden. El desafío del sistema jurídico es reducir esa brecha lo más posible, sin perder la seguridad jurídica que garantiza el Estado de derecho.